La creatividad no tiene edad, pero si la tiene, aún mejor. Porque trabajar con una creativa que disfruta con sus arrugas, como yo, tiene sus ventajas (y no sólo por las historias que cuentan esas arrugas).
Sé cuándo y cómo optimizar los esfuerzos:"menos es más" (y a veces, menos es todo lo que necesitas)
Hago que lo imposible parezca tan fácil como deslizar a la derecha en Tinder.
Convierto cada "no" en un "sí" potencial. Todo es cuestión de actitud, perspectiva y un poco de magia.
Sé leer entre líneas (y entre correos electrónicos, incluidos los del cliente que dice: "Quiero algo fresco, pero conservador").